La Bitácora de Mari

Por Mari Valdi

Por primera vez en varios meses, el viernes pasado no pude cumplir con mi compromiso de publicar un artículo a la semana en la revista “Hoy en Santiago”. Simplemente colapse y por ende me bloquee. Sentada frente a la pantalla, no pude hilar más de dos palabras seguidas que tuvieran sentido. Francamente, escribir se convirtió en un abrir y cerrar de ojos en una tarea imposible.

Me sentí fatal. Mi primera reacción fue auto-acusarme y echarme en cara un sinfín de cosas. Me traté de lo peor y recordé con vergüenza mis pecados más ocultos. Por varias horas hasta evité pasar cerca de un espejo asustada por la posibilidad de encontrarme en su reflejo.

Después de la ácida autocrítica y de enjuiciarme sin piedad alguna, topé fondo. Me convencí de que soy un pésimo sujeto y sentí que ni siquiera valía la pena conversar conmigo porque no había logrado lo que esperaba de mí. Derrotada, me fui a dormir.

Pero cuando amanecí descansada y volví a ver el sol, la realidad me pareció algo más clara y bastante menos tenebrosa. De a poco, me sentí fortalecida y llegué al punto en que la idea de dialogar conmigo valía el esfuerzo:

-Misma…¿qué pretendes conseguir exigiéndote tanto?

-Quiero alcanzar a hacer muchas cosas durante el día, quiero avanzar en los pendientes, adelantarme a los imprevistos, estar presente con los míos, no quiero perderme nada, me gustaría…

-¡Para, para, para!…No me digas más, ya me cansaste. Nadie tiene la energía necesaria para hacer todo eso que pretendes hacer. ¡Ya sospechaba yo que tú eras medio desequilibrada!

-Bah, ya empezamos con las ofensas. ¿Para eso querías conversar?

-No, perdona. Sólo quiero que entiendas que no es necesario exigirse tanto porque te vas a enfermar. ¡No eres una súper héroe!

-Aunque no lo creas, lo tengo claro. La capa de mujer maravilla no me queda bien, me engorda. Ser súper héroe no es lo mío. Pero aunque intento mantenerme al margen en estas fechas el fin de año me toma el nervio, me saca de quicio, atenta contra mi cordura y me apura el genio.

-Cierto. Y eso es precisamente lo que quería conversar contigo. ¿Qué tal si te das permiso y aceptas que eres imperfecta? ¿Qué tan malo puede ser improvisar un poco, mascar chicle y bailar sola?

-¿Algo así como un diciembre original, diferente a todos los anteriores?

-Exactamente, Navidad puede ser divertida y significativa, si lo hacemos desde lo que somos y no desde lo que debemos ser. Como dicen por ahí, la perfección es la enemiga de lo bueno.

-Toda la razón, como que hay que agradecer por lo que se tiene y no quejarse por lo que falta.

Después de tener esta profunda conversación conmigo misma, la transformación fue total. Pasé de ser una persona horrible, incumplidora, de temperamento frágil y de reacción rápida a la dulzura misma, un amor de persona, tranquila y comprensiva, peligrosamente cerca de ser aburrida.

Pero me di permiso. Firmé una tregua y un tratado de paz conmigo misma y hasta terminé queriendo ser mi amiga. No tengo claro cuánto tiempo subsistirá esta frágil paz. Pero sé que será lindo mientras dure. Mal que mal, se trata de un cambio, nadie habló de un milagro.

 

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2 Respuestas

  1. Maca valdi dijo:

    Pucha Mari…
    Debe ser un mal familiar o simplemente es la sociedad actual o nosotras mismas que nos exigimos tanto…. Es verdad la auto exigencia a nivel superhéroe es la que alza las estadísticas de Cancer de mamas en mujeres jóvenes….
    Somos seres humanos no maquinas perfectas… Estamos hechas para entregar amos por sobre todas las cosas …. Pero pucha que cuesta entenderlo???

  2. Fabiola dijo:

    Cuantas veces no he conversado conmigo misma y me he sentido mucho mejor. El ego ayuda bastante. Uno muchas veces se quiere poco y las prioridades se desordenan. Otra realidad mas. Muy bueno como siempre. Cariños!!!

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