A un mes de la apertura del Museo de Violeta Parra

Por Carolina Vigneaux

El 4 de octubre celebramos el aniversario del nacimiento de la madre cultural de nuestro pueblo, la gran Violeta Parra. La celebración más importante fue la inauguración de un museo en su honor.

Violeta fue una artista alucinante, multifacética, de una lucidez absolutamente rupturista para su época, pero para esta también. Aún sigue siendo molesto que una mujer de origen humilde proclame verdades tan descarnadas como las presentes en sus letras. Sus críticas frontales hacia la Iglesia, el poder económico y político tienen la misma vigencia de hace quinientos años. Como no si todavía soportamos a Obispos que encubren pedófilos.

De carácter intenso y vínculos complejos, la Violeta ejerció la libertad en su vida, cuestión que es considerada violento en nuestra sociedad, más si se trata de una mujer.

Violeta es parte de la casta de Frida Khalo y Mercedes Sosa, hembras que no se detuvieron por la posibilidad de incomodar, de sufrir las consecuencias de la diferencia. Luchadoras desde el origen, aferradas a su pueblo al que le dejaron un enorme legado de creación y rescate cultural. Cantora, arpillera, pintora, artista plástica.

Tenemos fama de ser ingratos, de rescatar a los grandes una vez muertos porque mientras están vivos son blanco de los pelambres y del desprecio porque no es fácil convivir con la genialidad cuando trae ropajes hostiles. Violeta se sintió invisible, sola, a ratos desolada pero también profundamente feliz porque contaba con la fortaleza de la campesina, la mujer proletaria, la que saca adelante a sus cabros como sea. Como muestra de esto, tenemos las calles con nombres de militares que dejaron un legado de muerte, los mismos a los que la cantora aludía ácidamente.

Por lo tanto, la deuda acumulada con nuestros artistas se comienza a saldar con la edificación del museo a pasos de la emblemática Plaza Italia, lugar donde llegamos todos cuando de celebrar se trata y será un paso seguro en la ruta turística capitalina. Se trató de un esfuerzo importante de reunir la obra de la artista que se encontraba dispersa por el mundo. Hasta el centenario Nicanor exclamó ¡Por fín! – como si lo hubiese estado esperando.

Se nota el profesionalismo de sus creadores pero se hace escaso el espacio. Se agradece la dedicación de los textos presentes en las salas que describen con total pulcritud el personaje histórico. Me emocionó particularmente ver a montones de niños pululando por los pasillos preguntándoles a sus padres por la Violeta, como un personaje familiar, había uno que buscaba a su mamá dentro de las fotografías de la creadora.

Durante este año será gratis así que no hay excusa para dejar de ir.

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