Crítica de cine: El Botón de Nácar

Por Colomba Orrego

Recuerdo que desde que supe que Patricio Guzmán había hecho otro trabajo documental y además una suerte de seguidilla de la hermosa, poética y llena de memoria “Nostalgia de la luz”, supe que quería verla. Confieso que tenía todas las fichas puestas en el Botón de Nácar, pensando en que después de “Nostalgia de la luz” seguiríamos por la misma senda de la memoria.

Y confieso que me sorprendió mucho que en esta ocasión, al parecer, la memoria la remontáramos a los orígenes no sé si nuestros, pero sí los del universo, el cosmos y sus más antiguos habitantes: los “indígenas” de nuestra América Latina. Y digo me sorprendió y para bien, porque pensando en Guzmán, que es un cineasta que por la historia que le tocó vivir (igual que a muchos de nosotros), hace cine para la memoria, para la memoria por siempre presente de lo que pasó en Chile desde el golpe militar de 1973, esta me gustó mucho más. A medida que pasaban los minutos en El Botón de Nácar y la historia versaba sobre memoria, derechos humanos, pero de aquellos humanos tan apaliados, vilipendiados por nosotros chilenos, humanos, casi más bien humanoides, que nos creemos los dueños de todo.

Confieso que me encanta el cine de Patricio Guzmán. Su estilo o impronta que le pone a cada cinta. Su voz en off tan característica y para mí, envolvente, con la que va narrándote los acontecimientos, en un tono casi hipnotizador, que te invita a relajarte, ponerte cómodo y poner atención, mucha atención a lo que va a suceder, a lo que te va a contar. Porque ten por seguro será mucha información. De hecho creo que el único pero de Guzmán, es querer abarcarlo todo en sus documentales, por eso muchos de ellos son de una duración larga, sin embargo tan interesantes que el tiempo fluye suavemente, pero en el tema de las informaciones de verdad, tienes que estar muy atento, para que todo lo que cuenta, no lo olvides al momento que se prende la luz de la sala.

En el caso de El Botón de Nácar, también pasa eso, también ocurre que nos quiere contar la vida de Chile, desde sus orígenes más primigenios hasta llegar a la actualidad más contemporánea. Quizás está ahí justamente el pero que en esta ocasión, podría encontrarle. Porque mientras nos narró toda la historia de cómo Chile fue poblado o más bien dicho La Patagonia, lo hizo con una maestría, con una poesía, uniendo en sólidas cadenas al universo, el cosmos, los indígenas, las tierras elegidas para asentarse. Todos estos elementos con un no menor hilo conductor: el agua. Elemento que sigue siendo fundamental en nuestros días y que en nuestra calidad de “humanoides dueños de todo”, estamos llegando al límite de devorar toda el agua, todas las tierras, las montañas, mares, glaciares, biodiversidad.

Pero en el caso del Botón de Nácar, la ilación del agua, elemento fundamental, la lluvia, los indígenas como Selkman, Yagán, Kawesqar, habitantes que vivían plácidamente nutriéndose y sobreviviendo del agua, de sus productos marinos, tocando apenas sus tierras, invadiendo apenas sus bosques. Adentrándonos a través de fotos añejas, en sus vidas, tradiciones, costumbres, creencias, como aquella que al morir, uno se transformaría en estrellas y que quizás por eso pintaban sus cuerpos, como los Selkman.

Tanta historia hermosa e interesante que guardan esas poblaciones indígenas, mucho más sabias que los humanoides destructores. Indígenas tan solo en tránsito por esos lugares, sin pretensión alguna de posesión, asentamiento por siempre jamás. Hasta que como bien dice Guzmán, llegó la noche para ellos y los chilenos o colonizadores (para el caso es lo mismo), deciden que estos indígenas son nocivos para la vida, los tachan de monstruos, los atrapan, evangelizan, visten (¿o disfrazan?), hasta que lentamente en menos de 50 años acaban con ellos.

En el documental, también nos cuenta la historia de unos colonizadores ingleses que llegaron hasta La Patagonia y atraparon a un “patagón” (nombrados así por sus pies grandes) y se lo llevan a Inglaterra. El costo de la transformación: un botón de nácar. En un viaje largo dejará atrás el seudo sub desarrollo para entrar en los albores mismos de la revolución industrial, donde será civilizado. Ese era Jimmy Button (por el botón), que al parecer es el personaje que aparece en una de las novelas de Julio Verne y que realmente fue encontrado, arrancado de su medio para probar que hasta el más salvaje aborigen es merecedor de ser transformado. Es así que una vez realizado el experimento, el colonizador envía de vuelta a Jimmy Button, a La Patagonia, donde comenzará errantemente su nueva vida de exiliado que no calza ni en la lejana Inglaterra, menos en su antigua tierra.

Es ahí a través del botón de nácar – que Patricio Guzmán, une la historia primigenia del poblamiento en La Patagonia, con la historia más contemporánea de barbarie chilena, como lo es el golpe de Estado de 1973 y los 17 años de dictadura que sufrió Chile.

Al final, cuando el documental está por concluir, el director voz en off, encaja las piezas del puzzle que pensó no estábamos logrando armar. Es entonces quizás el momento en el que realmente las piezas encajadas de forma un tanto obvias, hacen que salte el pero más hondo de este documental. Patricio Guzmán, lamentablemente se la juega por no dejar cabo suelto, ni poesía volando por el universo. De mi consideración, un pero para tan hermoso trabajo. Demasiada aclaración transforma lo obvio en algo no tan bueno, el espectador tiende a reflexionar que a lo mejor no era necesario dejar que todas las historias cerraran a la perfección, que salir de la sala sintiendo la cinta, analizando la información conocida, rememorando, haciendo sus propias semejanzas históricas, es una tarea que más bien es bueno hacer.

Pese a ello, El Botón de Nácar, no se diluye por completo, lo bueno permanece por siempre jamás y el buen gusto de boca queda por horas, días, semanas en la mente y corazón. Eso me pasó a mi, al menos. Pero para que usted entienda ello, tendrán que ver el documental y discernir si encuentra o no a este documental un trabajo maravilloso, con todos sus pros, contras, poesías, atrocidades. La mejor forma de saber eso es si después de ir a verla, decide replicar la voz hacia otros oídos o callar por siempre jamás en caso contrario.

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1 Respuesta

  1. pascuala dijo:

    excelente comentario!!!
    me encanta como escribe esta señorita.

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