El restaurante Junta Nacional y sus sandwiches mundiales

Por Colomba Orrego

Alguna vez paseando por el Parque Bustamante divisé la Junta Nacional (Ramón Carnicer 87), debo reconocer que el nombre me provocó un poco de ñañaras, inmediatamente asocié junta con la militar que llevó a Chile al golpe de Estado, se me erizó la piel y seguí caminando. Tiempo después pasé por ahí acompañada por una amiga y me dijo “Junta Nacional es lo más que hay”, a lo que pensé: “iré dentro de 20 años, cuando con seguridad la moda haya emigrado”.

Hasta que llegó el día. Esta vez era una salida de hermanas y la mayor fue la que decidió este lugar como el apropiado. Fui la primera en llegar, por lo que pensando en que era viernes por la noche y quizás una tromba de ciudadanos tendría la misma idea, entré para reservar mesa. Eran diez para las 20:00 horas y Junta Nacional, ya estaba llenito, al menos las mesas de la vereda estaban todas ocupadas. Me empoté en la primera mesa que vi desocupada.

Debo reconocer que por mi mente pasaron varias ideas sobre cómo tendría que estar decorado el lugar, pensando en el nombre con el que fue bautizado. Imaginé banderas, mapas de la nación, cañones, pistolas, uniformes militares, cuadros con los rostros de próceres de la patria. En cambio, un espacio interior, un tanto reducido para mi gusto, con una barra de bar en su extremo izquierdo, con su barista (¿barista?, si es del lugar debería ser barrista o qué vende varas?), vestido con humita roja, camisa blanca y pantalón negro. A sus espaldas, una destellante y hermosa vitrina repleta de lo más variado en materia de alcoholes: botellas de vodka, tequila, whisky, vino blanco, tinto, lo que puedas requerir o imaginar. Rodeando la barra, una fila de bancos metálicos con cojines negros, los cuales no lucían porque casi encaramados a ellos estaba por ejemplo, la mesa en la que me encontraba.

En un extremo de la barra, colgando de la muralla, un afiche (se me cayó el carné) enmarcado de “Libertad Lamarque”, si les explico quién es ella, otra vez se me caerá el carné y confundirán mi extrema cultura, con el supuesto que en realidad tengo más de años que Matusalén, quien merece todos mis respetos y como me enseñaron que una dama debe ser misteriosa, les dejaré con ambas incógnitas.

Otro detalle que confundía aún más, a menos que estuviéramos hablando de los iconos patrios de otra nación, es que tanto barman como meseras, pertenecían a Perú, Colombia o Bolivia, lo digo por esa gracia infinita que tienen al modular y ese son (sonete) tan cantadito en su hablar, que los hace encantadores, además de a los hombres (para mí) guapos y a la chicas (para ellos) hermosas. Pero bueno, puede ser, aunque no esté demasiado claro, que sea la primera Junta Nacional del Gobierno peruano, boliviano, colombiano.

Pero como no estamos para dar clases de historia, de todas formas uno usualmente piensa que el nombre de un lugar, debe tener alguna relación con la decoración del espacio. También puede ser que hace mucho tiempo hubo otro Junta Nacional y en el traspaso de llaves, se quedaron con el nombre, vaya uno a saber. Pero para que no se crea que esto es una crítica en mala, debo contar que en la decoración también pasó mano de los nuevos propietarios, quienes sumaron un par de lámparas y teléfonos fijos de los que usábamos los nacidos y vividos en el siglo XX, unos floreros con flores plásticas pintadas en blanco harto feítas, muebles antiguos como un biombo que separa los baños del restobar, sillas onda Luis XVI, que juro no es de mi generación. También decidieron intervenir con unos grafitis bastante feos. Pero bueno, recordemos que si bien la decoración ayuda a que el alimento baje con alegría hasta el estomago, eso que se le dice “lo que entra por los ojos”, en esta ocasión la carta fue lo que absolutamente salvó a este local.

Al menos yo, tenía mucha hambre, así que con nuestra deliciosa y helada botella de Cabernet Sauvignon Santa Ema, elegimos algo para comer. Revisamos la carta con detenimiento, pensando quizás en pedir algo para picotear y compartir, como el salmón patagónico o las brochetas de carne de res y pollo o el crudo de res. Nos decidimos por los sándwich.
Mientras mi hermana mayor leía la carta, a mi se me hacia agua la boca con cada una de las variedades, miraba a mi alrededor y sólo veía gente devorando extasiados, unos inmensos sándwich, con decoraciones atractivas.

Era viernes, viernes por la noche, el trabajo había finalizado, es decir, las obligaciones. Nadie estaba pensando en hacer dieta esa noche o sea, había hambre y saciarlo eran los consejos que mi estomago mandaba. Sentía ese hambre que ciega, que te impide pensar con claridad, que tan solo quieres comer, comer, comer. Y mientras decidíamos iba tomándome el Santa Ema, como si fuera agüita y pronto vendría el show de Colomba la borrachita, por lo que opté por el sándwich de mechada con champiñones y papas fritas filo y mis hermanas, por uno con entraña, cebolla y tomate.

El pero es que en la onda Light de mis hermanas, pedimos solo dos sándwich y éramos tres. Alguna de mis hermanas dijo que la idea era no llenarse tanto, obviamente a mi no me consultaron al respecto. El punto es que comencé a preocuparme y pensar que pasaría hambre y que al llegar a casa tendría que prepararme algo. Mi mente volaba cuando de pronto (no fue tan de pronto, no seamos excesivamente generosos, se demoraron un poco) llegaron los dos sándwich, que eran enormes, tanto que no entraban frente a frente en la mesa, así que tuvimos que eliminar la alcuza que no usaríamos con seguridad.

Tengo que decirlo, Junta Nacional, hace los más sabrosos y grandes, exquisitos, sándwich del Parque Bustamante. El pan, la marraqueta crujiente, migosa, grande, entera, tostada, siempre será una poesía en movimiento. Las carnes eran las óptimas, los champiñones, tomates, cebolla, todo, estaba en su punto. Sé que los primeros trozos me los tragué, pero los tercero, cuarto, quinto y todos los que vinieron, los disfrute profundamente.

El crujir de la marraqueta en combinación con la migosidad y su relleno, conjugaban con el Santa Ema, heladito, que estaba en su punto, sin acidez, ninguno de los dos competía con el otro y al mismo tiempo, uno eran más importante que el otro, más delicioso que el otro. Si lo calificáramos le pongo a ojos cerrados y con la boca bien abierta, un siete.

La atención era más o menos, puede ser que estaba lleno y había tan solo tres meseras para atender, pero el punto es que mi hermana chica pidió un vaso de agua y todavía estamos esperando que llegue. Me quedé pensando en este detalle porque digo yo, llenar un vaso con agua no es algo que te demore la vida ¿no? a menos, a menos que de forma sutil, en la tardanza, quisieran decirnos: “no pidan agua porque es del WC” y como estábamos un tanto cerca de él, sería feo que viéramos entrar y salir al baño, a la mesera con un vaso vacío y después con el mismo vaso pero lleno, ponerlo sobre la mesa y que mi hermana lo empinara. Extraño.

Pero con el recuerdo nostálgico del sabor de esos sandwich, por esta vez, les perdono todo.

Datologia

  • Restaurante Junta Nacional
  • Dirección: Ramón Carciner 87 (Providencia)
  • Especialidad: Cocina Chilena Clásica
  • Teléfono: (02) 2635 5828
  • Horarios: Lu a sá desde las 13 hrs hasta la madrugada.

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