Sábado de cine para ver El Clan

Por Colomba Orrego

Por alguna razón siento un alivio de al fin ver esta película. Tanto a mi alrededor se ha hablado sobre ella, tanta serie al respecto, tanta entrevista a Pablo Trapero, su director, tanto de tanto, que ya estaba un poco aburrida y quería superar este asunto yendo a ver EL CLAN.

Si usted a diferencia mía está alejado completamente de la historia de esta película se la resumo: 1982 llega la democracia a la Argentina después de años de dictadura, la familia Puccio de derecha, cuyo padre participó en violaciones a los derechos humanos, se encuentra sin trabajo. Los altos mandos del Ejército y uniformados, deben velar y salvar sus pellejos, dejando a su suerte a quienes les trabajaron como torturadores, secuestradores, asesinos. Y éstos mirando como la democracia llega, se establece, algunos militares son sentenciados, mientras los adinerados que apoyaron la dictadura no se les mueve un pelito de la cabeza, entonces deciden tomar cartas en el asunto y ganar plata de alguna forma.
El asunto es que la manera no será cualquiera, porque un cierto odio corroe las entrañas de esta gente y haciendo uso de las prácticas de antaño, en vez de secuestrar, torturar y asesinar a los “zurdos”, esta vez lo harán con sus ex amigos de derecha.

Es así como surge EL CLAN, liderado por Arquímedes Puccio, quien junto a sus secuaces, cuál más malo que el otro, van olfateando a los ricachones de derecha, a los que ellos consideran están “podridos en plata” y traicioneros de la patria. Puccio usa de gancho a su hijo Alejandro (Alex), que como jugador de rugby en el mítico seleccionado Los Pumas, se codea con lo más in de la sociedad porteña de San Isidro, dígase la cuna del rugby. Así es como en los tres primeros años de la democracia de Alfonsín, van sucediéndose estos hechos. Los cuales actualmente han sido catalogados como policiales, ya que la familia entera fue atrapada. Al padre y a los dos hijos mayores los mandaron presos, Alex, trató innumerables veces de suicidarse sin lograrlo, el segundo se fugó y el año pasado pidió que su caso prescribiera para volver a su país y lo consiguió. La madre doña Epifania de Puccio, fue liberada junto a sus dos hijas menores.

Otra cosa no menor es la vida que se le daba a los secuestrados, los cuales vivían escondidos y en pésimas condiciones en un subterráneo de la casa, desde donde se escuchaban toda clase de gritos desoladores, con los que los hijos debían vivir. Y después, previo cobro del rescate, llevaban al secuestrado a un sitio descampado y los mataban. Y que digan después que la gente que cooperó con las dictaduras en América Latina, estaban sanos mentalmente ¿eh?.

En términos de la película hay que decir que la actuación de Guillermo Francella es buenísima, sobre todo si usted ignora que Francella, actor argentino es del rubro cómico y hacer un rol tan serio, tan parco, insensible, donde no se le mueven ni las cejas, es realmente digno de una ovación de aplausos. Porque si bien ya había hecho su primer pinino el cine dramático junto a Campanella en “El secreto de sus ojos”, en esta ocasión es impresionante todo en él, desde el aspecto físico, la transformación de caballero añoso, canoso, impertérrito, realmente un logro importante para su carrera.

El otro actor que también es un hallazgo es Peter Lanzani, que como contara el productor de la cinta, en una entrevista a un diario argentino, cuando Trapero lo vio en el casting y lo eligió, el productor le dijo “pero Lanzani no es precisamente actor, es del elenco tener de Cris Morena, es decir hace teleseries, tiene un grupo de música” a lo que Trapero respondió “ah pero ¿ha hecho cine?” “no” respondió el productor “entonces tómalo y así además suma actuación a su currículum”. Y así quedó. Y será el buen ojo del buen director, que obviamente Lanzani, con una pinta de rugbista que no se puede sacar de encima, digno hijo nacido y criado en San Isidro, calzó en apariencia perfectamente con el rol y además demostró que pese a su background tenía mucho que entregar.

Otro elemento a destacar sin lugar a dudas, es la ambientación de los ’80. Desde detalles tan a la vista como la ropa, los accesorios del hogar, la carencia de aparatos eléctricos a granel, a otros más invisibles como los teléfonos de la calle. Incluso el mismo vacío en las calles, sin tanto armatoste automovilístico de enormes tamaños, difíciles de estacionar.

Realmente una buena película. Me alegro mucho de haberla visto y de poder decir con todas sus letras que Pablo Trapero se las trae. Hasta el momento no hay obra cinematográfica realizada por él, que no sea de calidad. ¡Totalmente recomendada!

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