Qué leer: novela negra y Camila Läckberg

Por Colomba Orrego

Sé que las novelas de Camila Läckberg, no está dentro de lo que se consideraría docto, de gente culta, ilustrada, de aquellos que no sacan ni nariz menos ojos en las librerías de los estantes rotulados como autores europeos, japoneses, pensadores, filósofos, etc., pero si usted es de ese tipo de personas, creo que debe dejar de leerme. Y sin embargo le contaré que he gozado y suspirado con la literatura decimonónica, con algunos contemporáneos, los que salvan de leerse en el WC y no padecen la desmemoria tras tirar la cadena, como García Márquez, Pérez Reverte, José Marmol, Michel Ende, Ramón Díaz Eterovic. Pero es así como espero que los sabiondos de tanto en tanto le den un respiro a las neuronas y se dejen llevar por otro tipo de géneros literarios.

En mi caso, confesaré que el policial, negro, detectivesco, me ha apasionado desde que soy chica. Mi abuelo tenía la colección completa de George Simenon en versión Inspector Maigret, de Conan Doyle – Sherlock Holmes, uno que otro aterrador autor sueco, noruego, italiano, como Red Gadney, Giorgio Scerbanneco, Maj Sjöwall y Per Wahlöö. Después di con el rastro de Julian Symons, Nicholas Blake y Michael Burt con “El caso de las trompetas celestiales” que es el libro detectivesco que me enloqueció hasta vencer o morir y podría amanecerme contándoles la cantidad de autores en estas áreas que he leído, descubierto, amado, odiado, lanzado por la ventana de la micro, metro y otros llenos de buenos recuerdos que van empolvándose en la cabecera de mi cama, en espera que algún día, llegue alguien merecedor de leerlos.

Pero si hablamos de género policial-detectivesco, debemos hacer separaciones (como en todo), porque no podemos mezclar, por ejemplo y con todo el respeto que merece Agatha Christie, ella no entra para nada con ninguno de los antes enlistados, ya que el género policial de Christie, era además del tipo “obvio” en el que sabíamos que el culpable era el mayordomo, pero las conclusiones eran sacadas sin saber de dónde, quizás del sombrero donde duerme el conejo. Como que después de tanto leer y leer y sacar una que otra conjetura, siempre ocurría que el asesino era el primero que apareció en escena o uno del que nadie puso atención, lo que se le conoce como inverosímil. Las novelas detectivescas de Agatha, son historias donde desconocemos absolutamente de la vida, de quienes resolvían los casos. Dígase Inspector Hércules Poirot y Miss Marple. Muchas veces me pregunté por qué Poirot era tan fifi, mañoso, remilgado, obvio que la opción sexual era un tema del que no se podía hablar en esos tiempos, pero era lo único que saltaba a la vista. En el caso de Miss Marple, ¿era solterona? ¿señorita eterna? ¿viuda, casada? ¿O simplemente entrometida? Con unas orejas y una capacidad de observación, que la CNI lo habría requerido para ubicar personas. Nunca supimos nada de ella y por qué en su ancianidad recién, decidió dedicarse al oficio metiche – detectivesco, que mediante la explotación de su apariencia de abuelita de Benito Bodoque, sus anteojos, buen oído y hábil para sacar conclusiones, se metía desde dentro del azucarero o hasta en las fauces del león y sin mediar explicación, tanto Poirot como Miss Marple, descubrían a los culpables.

Ahí es donde entraríamos en materia de definiciones, qué es lo que distingue un género de otro. Del sonadamente bullado negro, policial detectivesco. Según Raymond Chandler, la novela negra es aquella que si bien matan que da gusto, hay que resolver los misterios y descubrir al asesino, el que lo hace debe moverse en ambientes fangosos, ojalá sea alcohólico, drogadicto, perturbado mental, todo lo que ayude a pintar cada vez más negro el ambiente y la posibilidad de llegar a buen fin con el caso entre manos.

A estas alturas del mundo y sumando lo que dice Chandler, le agregaría que la novela negra, además de cochambrosa en cuanto a la atmósfera que rodea al detective, también cuenta la historia previa, presente y a construir del detective, policía o inspector privado. En el caso de Inspector Maigret de Simenon, es un hombre que está casado hace años, por problemas que no se tratan por delicados, la vida de pareja se tornó un tanto monótona, Maigret, como buen hombre impedido de expresar sus emociones, vive esa existencia encerrándose en su trabajo y la mujer que mande saludos, pero insiste en hacerle comida, lavarle la ropa y planchársela.

En el caso de Sherlock Holmes, es un detective privado que alguna vez perteneció a Scotland Yard, pero sus prácticas personales para resolver los casos no fueron bien vistos, sumado a su adicción al opio. Watson viene devuelto de la guerra con una secuela física, lo que lo tiene deprimido y pensando en los colores de las ataúdes, hasta que aparece Holmes en su camino y lo invita a trabajar bajo su estilo personal, el que les da tema para pelearse sobre la ética, moral y buenas costumbres y la praxis médica.

De ahí damos un salto enorme y nos trasladamos de golpe y porrazo en pleno siglo XX donde surge Kurt Wallander, el inspector de policía de nuestro querido y recién partido Henning Mankell, en donde este personaje recoge todos los ingredientes para hacer de sus historias, novelas negras: policía separado, solitario, desolado, alcohólico, una hija con la que no se comunica, otras relaciones humanas poco sólidas y como es encantador, en el camino va resolviendo sus peros, rearma vínculos con su hija, encuentra pareja, etc., pero no se le puede apapachar mucho porque se corta. Y es ahí es donde surge mi querida Camila Läckeberg, autora sueca de novelas policiales, negras, detectivescas, la cual vendría representando en éxito y popularidad al siglo XXI.

Las novelas de Camila Läkerberg, son al más puro estilo antes dicho. Existen sus dos personajes que resuelven los casos: Erika Falck y Patrik Hedström, que eran compañeros de colegio, se vuelven a reencontrar cuando él es el policía de Fjällbacka y ella una escritora de temas históricos, que tras la muerte de una amiga en común (La princesa de hielo), los dos resolverán el misterio y de ahí en más, comenzarán un noviazgo, casamiento y tres hijos.

Las historias de Läckberg, ocurren todas en Fjällbacka, que es un pequeño pueblo de pescadores situado en la costa oeste, dentro del municipio de Tanum, Suecia. Fjällbacka está a 150 km de Gotemburgo, que es otra ciudad donde también se comenten muchos asesinatos y si bien no está dentro de la jurisdicción de Patrik y Erika, igual meten las narices. Y aunque uno no lo crea, en tan pequeño margen de tierra como lo es Fjällbacka, está contaminada de gente mala que mata, desaparece, secuestra, asesina, mutila, cocina, a sus víctimas y el departamento de policía junto a las narices de Erika, van descubriendo todos los tejes y manejes de las situaciones mortuorias.

Y como negra novela que es, está la cuota personal, en este caso de Erika Falck, que arrastra un temita familiar que le ha penado por siempre jamás y que sus narizotas y deseo de hurgar y saber, la van llevando novela a novela a desentrañar la historia.

Hasta el momento Camila Läckberg, tiene nueve novelas policiales negras, de las cuales he leído siete, ya que las dos más recientes, no han tenido la bondad de traerlas ni a Argentina menos a Chile. Y cómo les explico lo ansiosa que estoy.
Por si les tinca leerlas, les dejo todas las que podrán encontrar en librerías como Qué Leo y Antártica: La princesa de hielo; Los gritos del pasado; Las hijas del frío, Crimen en directo; Las huellas imborrables; La sombra de la sirena; Los vigilantes del faro. Faltarían por llegar: La mirada de los ángeles y El domador de Leones. Los valores oscilan entre $8.000 y $10.000.

Datologia

  • Autora: Camila Läckberg, autora sueca
  • Dónde: Libería Que Leo y Antártica
  • Precio: entre $8.000 y $10.000

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