El Museo de Violeta Parra abre sus puertas en Santiago

Por Colomba Orrego

En pleno corazón de Plaza Italia, internándose por Avenida Vicuña Mackenna, al lado de la embajada de Argentina, nos encontramos con aquel sitio por tanto tiempo desierto, que no lograba alcanzar una razón, un objetivo claro de existencia. Con aquellas rejas unidas a sus muros, protegiendo el vacío, la nada, a la basura, la maleza que crecía rabiosa y que hoy al fin, después de tanto tiempo, cobra forma e identidad al transformarse en el Museo Violeta Parra.

Junto a mi hermana menor, concurrimos el domingo 4 de octubre a la inauguración del Museo y como de chica me tragué un reloj, nos dijeron que había que estar a las 10:45 de la mañana y cumplimos. Esperando la apertura del portón metálico de gris desteñido, que protege la edificación que sobresale a éste, donde se lee en sus letras forjadas una por una: Museo Violeta Parra. Que en esta ocasión, las puertas al fin se abrían para recibir a los invitados, que concurríamos a la inauguración del lugar, justo el día del cumpleaños número 98 de Violeta.

Invitación en mano ingresamos, porque hay que decir que la cosa era así: usted muestra invitación entra, usted sólo aparece anotado en la lista, no entra y espera quizás a que salga el sol. Una vez dentro, junto a muchas personas, dedicados en exclusiva a dos labores: mirar lo que nos rodeaba y ejercer el verbo esperar, esperar, esperar que hicieran su arribo las máximas autoridades, dígase la Presidenta de la República. A medida que el tiempo iba transcurriendo y el espacio se repletaba, comenzaron a solicitarnos que nos arrimáramos en la más “todos contra el muro” para dar paso a las jefaturas y cuando comenzamos a replegar mejilla con mejilla, apareció Bachelet junto a Isabel Parra para dar comienzo al jolgorio.

La maravillosa producción de Patricia Navarrete, tentaba la mirada de los comensales, tanto hacia los muros contrarios al edificio, donde observamos las canciones de Violeta, en una suerte de cancionero al muro con temas como: “La Jardinera” o “Gracias a la vida”. O tal vez mirando hacia el cielo, aunque nublado y frío, colgantes con imágenes de aves, aves todas nacionales, chincolitos, bandurrias, carpinteritos, chercales, chirihues y muchos más. Y al fondo, invitándonos, llamándonos, el rostro de la homenajeada, rodeada de imágenes de sus arpilleras, de flores, objetos, todo en el tono de su nombre.

Y ante nosotros un imponente edificio que arquitectónicamente evoca las curvas de una guitarra, que en ausencia de superficies de madera surgen ventanales, en uno de ellos la gigantografía de una arpillera de la cumpleañera, en otra, un rastro de esterillas color café, todo esto sostenido por sólidos y blanquecinos muros de concreto, los cuales han sido rodeados en su superficie, por infinitas hileras de plantíos de violetas.

Posterior a los discursos, siempre lateros exceptuando el de Ángel Parra grande, y haciendo honores a la cumpleañera y a su nueva casa – museo, las guitarras comienzan a sonar. No les sacaré pica con respecto al show, que estuvo buenísimo solo remontable y comparable al de la Peña de Violeta o al de Los Parra, que si bien yo todavía no nacía sé que fueron tiempos inolvidables. Tampoco presumiré sobre el coctel, que estuvo a pedir de boca. Si bien todos bramábamos por un café bien caliente, una sopa, quizás una cazuela, fue el vino tinto o blanco, el que nos hizo entrar en calor, más rápido y además con una cuota de alegría extra. Y una vez saciada el hambre y la sed, los que todavía tenían cabeza, piernas y control sobre ellas, fuimos haciendo fila para entrar, en grupos de 25 personas, al tour por el museo.

Al interior de esta enorme guitarra – museo, fuimos recorriendo sus curvados pasillos, que al ritmo de los pasos se van ensanchando y encogiéndose. Por todas partes hay fotos de la artista, en distintos lugares y en distintas poses. Y de pronto los pasos nos llevan a un espacio en el que hay unos troncos de árbol y unos discos de vinilo puestos en el muro ¿Por qué? Porque si pones la oreja sobre la base del tronco, escucharás aquella música que el disco anuncia.

Después pasamos a otro espacio rodeado de enormes, pequeñas, chicas y grandes arpilleras- cuadros con motivos diversos, hechos con la técnica de papel maché. Y al centro, cual si estuviéramos en un parque, algo parecido a la base de una fuente o un gran plato, aparentemente con agua. La curiosidad nos hizo acercarnos y contemplar efectivamente aguas en movimiento y al querer tocarlas, descubrirás que son imágenes proyectadas en esa superficie, imágenes enormes, diversas, coloridas, estáticas a diferencia de las aguas.

En el segundo piso, al cual llegas por las sinuosas veredas internas de la guitarra, descubrimos más espacios rodeados de arpilleras, cuadros y objetos de Violeta. La vista a través de los ventanales es hermosa, sobre todo detrás de la gigantografía, de pronto el mundo lo miras con los ojos de la dueña de casa.

Al final del trayecto, desembocamos en una sala de cine espectacular, con asientos confortables, aire acondicionado o calefacción y una pantalla de dimensiones adecuadas. Sin dejar de mencionar la acogedora cafetería, ubicada en lo que es el entre piso, que además mira hacia un patio-invernadero, donde están naciendo flores de todos colores y especies.

Así que ya está avisado. A partir de este martes 6 de octubre las puertas del Museo Violeta Parra, estarán abiertas para tod@s.

Datologia

  •  Museo Violeta Parra
  • Dirección: Vicuña Mackenna 37
  • Horario: 9 a 19 horas
  • Visitas guiadas: de martes a domingo.
  • Contacto: contacto@museovioletaparra.cl

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