Cueca Sola

Por Colomba Orrego

Por razones políticas familiares, pertenezco a la generación de niños (entre 3 y 10 años) que lo éramos para el momento del golpe militar de 1973 y que a nuestras familias les tocó sufrir la desaparición de hijos, hermanos, padres, abuelos, ser detenidos, torturados, encarcelados o exiliados. Mi caso es éste último.

Y desde ese lugar, a lo largo de los años he descubierto que en común tenemos el compartir, esta contradicción con el mes de septiembre, para nosotros de conmemoración, para otros de celebración, para algunos de conmemoración y celebración.

En mi caso, reconozco que pese a que mis padres no dejaron un día de nuestro exilio en México, de hablarnos de las bondades de Chile, nuestro país, de su gente, las añoranzas familiares, el sabor de la verdadera empanada, del buen vino tinto, la belleza de la cordillera, el río Mapocho, el agua potable de la llave. La patria, que fui amando, respetando, admirando (con todos sus matices) fue la mexicana. La bandera que al solo verla me produce ensanchamiento del pecho cual águila sobre el nopal, es la verde, blanca y roja. Los aromas que me transportan son los del maíz convertido en tortilla. El himno que sé de memoria y que al escuchar, sin orden de por medio, el brazo derecho se posa sobre el corazón y la piel se enchina, es el mexicano. Mí comida preferida los tacos, la bebida la sangría señorial o sidral Mundet y la otrora golosinas, los productos Marinella.

Al igual que muchos, nos tocó volver a Chile, en los últimos años de la dictadura, donde por supuesto el noveno mes del año, seguía siendo de conmemoración, triste, gris, que por más que el sol brillara, el día estuviera precioso, luminoso, de cielo azulado, nuestros corazones estaban contraídos.

No sé cuanto tiempo deba transcurrir para revertir esta situación, ya sumo 28 años en este suelo telúrico y no he logrado acomodar las piezas del puzzle, para comenzar a sentir orgullo, admiración, amor, por el país donde nací.

Pero no todo es tan fatalista, aunque no admire la bandera, ni el escudo, menos el himno, sí las empanadas y el vino tinto, el corazón se contrae, la admiración crece, así también el respeto, cuando a través de la memoria, surgen proyectos creativos, tristes y hermosos como “La cueca sola”.

La cueca sola, es uno de los temas del conjunto folclórico de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), del disco “Canto a la Esperanza”, que surgió como una necesidad de incorporar a la denuncia de la palabra, un drama tan grave como las violaciones a los derechos humanos en Chile, en momentos en que no era posible que los medios de comunicación los escucharan. Su canto es un canto de dolor pero de exigencia y de dignidad, que se ha escuchado en diversos actos solidarios de nuestro país, como en el extranjero.

En la más típica recreación de las festividades patrias, la música suena al son de las cuecas, guitarra, arpa, charango y pandero, se conjugan con las voces femeninas que cantan:
En un tiempo fui dichosa / apacibles eran mis días / más llegó la desventura / perdí lo que más quería…. “. En la pista de baile, vestida con falda negra, blusa blanca, sombrero y un pañuelito blanco en la mano, una mujer comienza un pie de cueca.
“Me pregunto constante / ¿Dónde te tienen? / Y nadie me responde / y tu no vienes”. La cueca es una danza de parejas, donde se van trazando figuras circulares, con vueltas y medias vueltas, en este caso, la mujer baila sola, baila con el aire, con la esperanza, con la memoria presente de su pareja ausente, su pareja detenida desaparecida. “Y tú no vienes, mi alma / Larga es la ausencia / Y por toda la tierra / Pido conciencia / Sin ti, prenda querida /
Triste es la vida.”

Este sábado 19 de septiembre, a las 18 horas, en la entrada por Pedro de Valdivia con Grecia, del Estadio Nacional, las agrupación folclórica, bailará y cantará “la cueca sola”.

Datologia

  • Cueca Sola
  • Estadio Nacional
  • Día: 19 de septiembre de 2015
  • Hora: 18:00 horas

 

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