Tiempo de memoria

Por Carolina Vigneaux

En Santiago de Chile Septiembre se viste de color rojo rebelde. Septiembre es para muchos más que el recuerdo de la independencia, la memoria de cuando la muerte se vino a vivir a estas tierras. Hace 42 años la historia una vez más manchó de rojo las páginas de lo que nos enseñaron, que difiere del puñado de actos heroicos y fechas de batallas nacionalistas que nos explicaron en el colegio.

En 1973 un grupo de caballeros en la Casa Blanca decidieron que este pueblito no podía alzarse tanto, que no era un buen ejemplo para el curso y claro, no les costó nada tener el apoyo de la servil burguesía chilena.

Desde aquel 11 de septiembre militar en un partido, oponerse a la tiranía o simplemente pensar distinto eran razón suficiente para ser secuestrado, torturado, asesinado y desaparecido. No importaba si eras hombre o mujer, niño o adolescente, aunque claro ser pobre siempre ha significado estar más expuesto y en esta ocasión en las poblaciones la represión se sentía habitualmente por las noches con allanamientos y humillaciones cotidianas, sobre todo si era fecha de protesta.

Pensar también era considerado subversivo, las carreras humanistas fueron cerradas, los rectores cambiados por militares de jinetas y los libros fueron considerados signos de las ideas que querían extirpar de las cabezas. Cuesta creer que alguien puede tener la convicción de que por quemar libros o secuestrar a activistas iba a lograr ahogar la disidencia. La herramienta es bastante vieja en todo caso, esparcir el terror, para ejemplarizar.

Recordar es un ejercicio de salud mental, sin memoria no es posible construir las paredes sólidas de la nueva casa. Sentarse alrededor del fuego contando las historias del pasado era una forma de reforzar los lazos de nuestros ancestros. Hoy no podemos privar a la nueva savia de conocer como era nuestro país antes, cuánto costó llegar hasta acá, qué pasó con nuestros muertos, como nos arrebataron los pilares de una sociedad que avanzaba hacia un sistema más justo, por qué hoy es necesario exigir salud, educación y seguridad social, por qué es imprescindible seguir luchando.

Uno de los lugares imprescindibles para conocer este trozo de historia de nuestro país es el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, ubicado frente al Parque Quinta Normal, donde se retrata las latentes consecuencias del terrorismo de Estado. Viene a formar parte de los museos de la memoria del mundo en lugares como Argentina, Checoslovaquia, Italia, Estados Unidos, Sudáfrica y Rusia. De hecho, fue recientemente nombrado por el sitio “The Culture trip” uno de los diez museos conmemorativos más importantes del mundo.

Monumentos que pretenden homenajear en alguna medida a los caídos, que buscan enhebrar retazos de una historia desmembrada que dividió a pueblos completos. Dedicado especialmente a las nuevas generaciones que deben ser empapadas de la historia que vivieron sus antepasados, desde las distintas veredas, desarrollando ojalá un sentido crítico que les permita cuestionarse tanto el contexto socio-político que vivía el país y el mundo, qué lugar les hubiese tocado a ellos de ser protagonistas y cuáles son los límites morales de un ser humano en un contexto de obediencia o si para ellos el fin justifica o no los medios.

El recinto cuenta con un nutrido Centro de documentación, colecciones de objetos y de testimonios audiovisuales. Actualmente, se pueden encontrar dos exposiciones que retratan como la represión no supo de fronteras, por ejemplo la dedicada a los 40 años de la Operación Colombo.

Datologia

  • Museo de la Memoria y los Derechos Humanos
  • Dónde: Matucana 501
  • Horario: Ma a Do 10 a 18 hrs
  • Referencia: Metro Quinta Normal

 

 

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