Cautivada por El Taller

Por Colomba Orrego

Cada vez que pasaba por afuera no se sabía de qué se trataba. Pensaba “taller…¿qué tipo de taller? onda literario, de artículos de ferretería”, pero ninguna pista clara al respecto. Hasta que un día me encontré con la agradable sorpresa de que El Taller era de comida. De pasteles, de helados artesanales, dígase sabores diferentes, combinaciones extrañas que siempre resultan agradables. También anunciaban jugos tropicales, exóticos, preparados con aguas saludables. Además una carta de sandwich, té, cafés y chocolates. La verdad es que todo me atraía. Todo lo quería. Entonces lo único que me quedaba era: descubrirlo probando sus especialidades.

Y así fue que junto a unas amigas, nos dimos la tarea de saborear El Taller. Ese día hacia un frío de aquellos y en mi cabeza sólo retumbaba la idea “chocolate caliente”. Una vez adentro, cómodamente sentadas, me fui de hacha, carta en mano, a la zona de líquidos ardientes, quedando apantalladamente contenta al descubrir un chocolate caliente belga, que prometía ser “amargo” y lo fue. La suficiente amargura que no requiere azúcar, que no escalda la lengua, sino que se acopla con todos los comestibles que estén por venir. También había un chocolate caliente con marshmallow.

Una de mis amigas tomo té, que lo sirven  en una tetara que da para dos tazas. La otra pidió un café capuchino de grano traído de tierras lejanas y, que sobre la espuma hacen algún dibujo, con el que todos los comensales suspiran.

No puedo dejar de hablar de la decoración de El Taller. Es sencilla, las murallas fueron revestidas con maderas, las cuales están pintadas de blanco, alguien podría decir “horror”, pero no, quedaron gratas a la vista, cálidas al ambiente y ayudan a ampliar visualmente el espacio. Hay objetos en las murallas, todos referidos a un taller más bien como de los tiempos de la familia Ingalls, dígase un especie de supermercado, donde hay una balanza para las harinas, una caja registradora añosa. Pero la temática obviamente es de una tienda de productos de comida para llevar o comer ahí.

Las mesas y sus sillas también están pintadas de colores pasteles o blancos, cosa de no perturbar la calma del ambiente. Entrando a mano derecha, al fondo, hay un único longe, que desde que voy siempre está ocupado. Por eso de igual forma es cómodo disfrutar  en el comedor.

Siguiendo con los comistrajos, con el chocolate caliente asegurado, nos fijamos en la comida. Como eran las 19 horas, el estómago pedía algo cercano a una once y es aquí donde El Taller, se anota sus primeras estrellas brillantes en la frente, porque si tu tienes dudas sobre de qué tamaño es el sándwich que quieres, porque quizás eres de las que se impresiona cuando es muy grande o como yo, que más bien desconfías porque siempre te calzan con el más chico, puedes mirar y elegir, a través de una vitrina el que más se acomoda con tu necesidad. Eso sí, que si te quedas hipnotizándolos mucho rato, verás que aquello de que “el que pestañea pierde” es cierto, porque es tal el éxito que debes apurar el pedido.

Ese día pedí uno enorme, delicioso, sabroso, con carne mechada, mostaza, lechuga y un aderezo ácido delicioso. Una de mis amigas pidió uno de salmón ahumado que tenía una cara de bueno. Mientras que mi amiga, la de la boca y estómago chico, pidió dos sándwich, como tapaditos, que mientras los comía susurraba una tonadita de absoluta felicidad. Realmente fuimos extremadamente felices, tanto es así, que ya hemos ido dos veces juntas y yo una sola, en la que no pude resistir probar los helados, macanudos por decir algo modesto.

El Taller, es realmente un lugar agradable, tanto es así, que de la primera vez que fui, tengo que contarles que había gente esperando que otros se levantaran para ocupar mesa, o sea éxito rotundo y total. Y realmente lo merecen. Una, porque en el barrio o caminas hasta llegar al Tavelli del Drugstore, el Copellia del Paseo Las Palmas, te conformas con el ruidoso del Bravísimo o La Escarcha o Los Castaños. O sea que a las calles de Providencia, le estaba haciendo falta un café original, bien decorado, estiloso, agradable, con una carta tentadora y que además ahora, sumaron hora de almuerzo. Atiende desde las 08:00 hasta las 21:00 horas.

Es decir, de ahora en más si no te vas corriendo a conocer, visitar y probar los productos de El Taller, pierde, pierde, pierde.

Datologia

  • El Taller
  • Dirección: Av.Providencia 1467 (Providencia)

 

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