Homenaje: los 25 años del Liguria

Por Marcelo Cicali, dueño y fundador Bar Liguria

El 10 agosto de 1990 levanté con mis propias manos las cortinas del primer Liguria en Providencia 2682, al lado de perfumerías Monix, al otro lado el Banco Osorno. Y bajo la radio Minería. Ese Chile era el que existía.

El mismo día que abrí vinieron del edificio que estaba sobre mi boliche a clausurarme, según ellos, porque en Providencia estaba prohibido vender arrollados, perniles y borgoñas que -desde antes de abrir- anunciaba en una pizarra con tiza. Así fue. La mandada a la cresta fue monumental. Con escándalo y pacos. Desde el día uno me enfrenté a los problemas. Así forje un temple, no dejarme pasar a llevar por nadie. Ni yo, ni mi empresa, ni mis trabajadores ni mis sueños. Yo defiendo lo mío: y lo mío era un boliche de 70 metros cuadrados, 5 empleados, mucha deuda y unas cuantas sillas, mesas y refrigeradores con mercaderías.

Pero lo que más había que resguardar era el sueño. El sueño de cambiar, a través del libre ejercicio de un boliche, la manera celebrativa de Santiago. La manera en que nos sentíamos chilenos, la manera de tener y contener nuestra memoria: a través de recetas, platos, sándwich, amores, fotos, borgoñas, cantos o borracheras.

Les repito, había algo mucho más importante que el capital: había un sueño.

Desde ese momento, en que yo tenía 22 años y abría y cerraba mi propio boliche han pasado 25 años.

La cantidad de equivocaciones que he cometido, la cantidad de veces que no escuché a mis trabajadores (que casi siempre tienen la razón), la cantidad de espanto que tuve que pasar. No pocas veces estuve muy desilusionado de todo. Pero nunca, NUNCA deje de creer en el sueño que me empujaba.

Siempre supe que estábamos haciendo algo importante. Importante para nosotros, para los que ahí trabajamos o vamos o participamos de alguna manera.

Tuve que entrar a estudiar el año 2009 un diplomado en Gestión de Empresas, o como le decían los propios profesores “el MBA de los pobres”, para precisamente poder aprender todo lo que nunca iba a poner en práctica. Para poder descubrir que lo de las Fuerzas de Porter era precisamente lo que estaba en la vereda opuesta a lo que yo creía. Yo mismo desarrollé una visión de mi empresa donde las fuerzas eran otras: trabajadores, clientes, proveedores, vecinos, fiscalizadores y las estructuras que dirigen la empresa. Seis fuerzas distintas y colaborativas. Acá no entran productos sustitutos ni precios, ni como ponerles trabas a los nuevos competidores. Nada puede ser tan bueno como nuevos productos y nuevos actores. Solo un empresario flojo y nulo intelectualmente puede temerle al desafío de la competencia y del mercado.

Porqué el Liguria se ha transformado en lo que es. No lo sé, ustedes podrán saberlo mejor que yo. Yo solo sigo yendo para allá a conversar con los mismos que converso hace 25 años de fútbol (y vaya que conversamos alegremente estos días), comer mi sagrada cazuela casi todos los almuerzos, Estar mirando mi empresa y dirigirla hacia un espacio convivencial de más felicidad, menos estrés y más espiritualidad.

Sí puedo decir que hemos hecho de esta empresa un lugar de formación. Casi no hay hotel o restaurant en Chile en que yo haya ido y no me encuentre con un trabajador que pasó por mi boliche, siempre con grandes palabras y recuerdos para sus compañeros y jefes. En el hotel más fino de San Pedro de Atacama, en las termas australes de Puyuhuapi, en el boliche de moda del barrio Brasil, Lastarria o Nueva Costanera, siempre escucho lo mismo: “Hola don Marcelo, ¿cómo están los chiquillos? Puta que los echo de menos…

Porque a diferencia de hace 30 ó 40 años en que el Capital lo era todo en una empresa, hoy sin trabajadores y sin forjar una cultura relacional entre la empresa y sus trabajadores, es imposible tener futuro. Repito muchachos: sin escuchar a los trabajadores no hay futuro.

La empresa y su responsable. Llámelo empresario, llámelo emprendedor. Siempre fuera de su oficina, mirando de frente a todos. Mirando a los ojos. Así tendremos trabajadores orgullosos de pertenecer a un lugar donde se les reconoce su épica, con personalidad, donde se tallan sus valores, un lugar que crece pero con ellos. Una empresa donde se entiende que los trabajadores son también el valor preciado de ella misma.

Me encanta tener un bar con opinión, un boliche futbolero, un boliche político, un boliche sexuado, un boliche porfiado, dispuesto a disentir: EL bar como el espacio público para discutir. Un boliche que se conecta con la calle, con sus anhelos, con sus deseos.

Marcelo Cicali

Los invito a salir de la zona de confort, los invito a dejarse llevar por los sueños. Los invito a la dificultad, a arriesgarse.

Los invito a que la ambición deje de ser material y se vuelva un bien trascendente.

LOS INVITO A TRANSFORMAR LA EMPRESA O EMPRENDIMIENTO EN EL REFLEJO DEL PAíS QUE SUEÑAN: UN PAíS INCLUSIVO, UN PAíS JUSTO, UN PAíS RESPETUOSO, UN PAíS SOLIDARIO, Y POR CIERTO -EN MI CASO- UN PAíS GOZADOR”.

Fuente: Asech

Marcelo Cicali, Fuente: CNN Intimo

Datologia

www.liguria.cl

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1 Respuesta

  1. oscar plaza dijo:

    Me gusta la nota, el lugar, la comida y la mística……me gusta… “la mandada a la cresta fue monumental. Con escándalo y pacos. Desde el día uno me enfrenté a los problemas. Así forje un temple, no dejarme pasar a llevar por nadie. Ni yo, ni mi empresa, ni mis trabajadores ni mis sueños. Yo defiendo lo mío”

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